El pájaro se salva, Q también

La foto es de Ovidi, un pájaro de tantos que ha chocado contra los ventanales de mi casa. Ha quedado un rato convaleciente, asustado y pensante. Le sangraba un ojo. Mi hermano se ha puesto en alerta, es sensible y empático, reside dentro de él gran respeto por la vida -bastante más respeto que muchos de los que se plantan con pancartas ‘provida’ en manifestaciones multitudinarias-. Esa consideración hacia la vida se traduce en un rechazo total a hacer sufrir o quitar la vida a cualquier ser vivo. Para Q la vida de otro no puede depender de él mismo. Lo comparto y lo admiro.

Hemos curado como hemos podido a Ovidi, Q se preguntaba en voz alta si se pondría bien, si podíamos llevarlo a un veterinario o si tendría frío. Q tenía por dentro a ese ave que decidimos llamarlo Ovidi, en recuerdo al Ovidi de verdad.

En la foto la pequeña ave tenía la mirada de aquel que sabe que va a morir, de aquel que no guarda esperanza. Actitud renegada, se había rendido. Q, evidentemente no podía permitirlo, ha traído gasas, suero, yodo. Todo era poco para tratar de salvar a la vida del pajarillo. Al contrario que la mayoría de los ambulatorios, que se ven enfrascados en una comprometida escasez de medios: cada solución médica se enfrenta a una carestía presupuestaria. Nosotros no tuvimos miramientos. Tal vez a Patricia Flores, viceconsejera de Asistencia Sanitaria en la Comunidad de Madrid, no le vendría mal un poco del respeto por la vida que sí tiene Q. La mujer tuvo la indecencia de preguntarse si “tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema“. Debió acompañarlo de un “lo siento, la sanidad es para los sanos”.

Ovidi finalmente voló, se impulsó desde mi mano y se alejó sin gesto alguno de agradecimiento. Normal, no le debió parecer agradable nuestra convicción por salvarlo. Cuando Q lo ve echar el vuelo sonríe, él si le agradece que haya tomado esa decisión de irse, de volver a volar, de vivir. El aleteo del pájaro se lleva también el agobio y nerviosismo de Q, que sonríe por haberse sentido cómplice de la vida.

El otro Ovidi, el de verdad, hoy cumpliría 70 años. Hoy se me multiplican los recuerdos que envuelven para mi ese nombre. Susurros de libertad, de igualdad. Cantos a la esperanza y en contra de la sordera generalizada.
Inteligente, sensible, soñador, sencillo, honesto… mucho de lo que él tuvo y de lo que en sus actuaciones, escritos y canciones reside, sirve de inspiración para muchos de los que quedamos y que clamamos con sus letras para tratar de devolvernos la ilusión. Él nunca la perdió.

Hui va per tú, felicitats Ovidi, per molts anys.

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