Mi Boeing 747

Enciendo el reproductor y empiezan a sonar los acordes. Me crecen las alas, plumas que nacen de mi Boeing 747 interior y que se me multiplica cuando escucho su canción. Salto desde la terraza mágica hacia lo alto, me sostiene la sinfonía, los acordes que embalsaman mi libertad vespertina mientras el Sol se esconde para observar a la Luna con sigilo y tranquilidad.

Vuelo y no me canso, soy un hombre-pájaro, Ramón Lobo los describe como “un sueño que se escapó, un sueño renovado que tarde o temprano regresa disfrazado de otros sueños.” Estoy con él, me gusta ser hombre-pájaro, renovar mis sueños, volar en busca de otros y mejores.

De vez en cuando te topas con personas-pájaro volando cerca de ti, pasan, saludan cordialmente, y se van, continúan buscando sus sueños, lejos de las personas-gris que turban nuestra conciencia y que luchan para que nosotros no soñemos, sólo acatemos. Me siento bien volando por encima de ellos y si veo alguno a lo mejor trato de probar mi puntería… “¡agua va!”.

Me encuentro a una persona-pájaro que me saluda y me pregunta, me dice que ella vuela buscando paz. Yo le respondo que me busco a mi mismo. Intercambiamos alguna que otra admiración sobre las plumas del otro y continuamos volando.

La canción sigue, entra en su tercio final, el el trozo más mágico, más feroz, más soñador. Agito las alas con fuerza, hacia arriba, hacia arriba, hacia arriba… casi toco el Sol, pero él es más rápido y se esconde, que la Luna está apunto de venir.

Mi vuelo termina conforme la canción se esfuma, vuelvo de mi revoloteo, agotado de sueños, satisfecho del paseo, empapado de aire reconciliador y renovado. Mi Boeing 747 aterriza sin mareos ni turbulencias, llano, tranquilo. He ido a Finlandia y he vuelto, he visto de nuevo a mis amigos, mis momentos en las tierras nevadas hechizadas de amores y fantasías.

Siento una pequeña tristeza, cuando vuelas es lo que pasa, que cuando termina quieres más. “Otro día más y mejor” me digo, volar es de las cosas que más me gustan, no me cuesta mucho dinero, algo de papel y lápiz, tinta para mi máquina de escribir o algo de luz para el portátil, todo eso vale. Es en ese momento cuando mis manos rescatan las letras de mi hondura, les da forma, las pule. Escribo sin rumbo, no pienso, sólo siento: vuelo.

Ya es miércoles, casi jueves, casi viernes, casi sábado y casi casi de nuevo miércoles. Así que feliz semana, esta y la próxima, claro.

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