Ese -maldito- nosequé…

Ansia de recuperar lo que una noche fue,

caricias, besos, dulzura, palabras, las tuyas.

Todo lo llevas puesto, hasta mi alma,

que se creía inconquistable, antes de verte.

 

Lo admito. Aún cuando te veo siento ese nosequé que me recrea. Que me recrea me refiero a ese nosequé que me pone feliz y al instante triste, que me produce un tumbo en el corazón y que no me impide mostrar mi sonrisa más sincera. Ese nosequé que cuando te miro me crea un nudo en la garganta y me entran ganas locas de apretujarte. También me entra ese nosequé mezclado con ganas de observarte eternamente, de disfrutarte.

Aún cuando me hablas y al final me dices algo así como “¿sabes qué?”, me entra ese nosequé tontorrón que me altera y me esperanza a que digas algo parecido a “tengo ganas de besarte” o “aún te quiero demasiado, volemos juntos”. Aún cuando me dices “¡ah! una cosa…”, siento ese nosequé que me acelera las pulsaciones y me dificulta la respiración y espero que me digas algo como “no puedo dejar de pensar en ti” o “no te puedo olvidar por mucho que quiera”. Pero al final, siempre me termina entrando ese otro nosequé cuando, lejos de decir todo aquello que imagino y deseo, sueltas alguna ocurrencia o algún chiste poco gracioso y que acabas contando tan torpemente que no puedo evitar reír y que me llena en parte de alegría y en parte de pena. Ese nosequé que me mata pero que me revive, ese otro nosequé que me aplasta pero que me consuela al mismo tiempo.

Lo admito. No te he devuelto esa chaqueta tuya que me dejaste en una noche fría y que tengo desde octubre, no por mi mente supuestamente olvidadiza sino porque aún huele a ti y cuando la huelo me entra ese maldito nosequé que me reenamora y me retroalimenta. Que me hace rememorar los mejores momentos que pasé a tu lado y que me hace morderme el labio sin quererlo.

Aún cuando me hablan de ti no evito sentir… ese nosequé que me hace mover los ojos hacia arriba como tu hacías de forma encantadora cuando te conocí y me eleva una sonrisa reconciliadora.

Aún cuando siento todos estos nosequés siento también ese otro nosequé más que me dice que todo ha valido la pena, y mucho, que me recuerda aún me queda besarte de otra manera, porque escribir es como besar, pero sin labios.

Dedicado a C, ó M, según circunstancias, mi vancuverita favorita, que aunque no salga a correr en las tardes frías y soleadas de primavera, la queremos igual.

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3 pensaments a “Ese -maldito- nosequé…

  1. Retroenllaç: Desahumándome « EL CANTÓ PINYÓ

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