“La puta poesía”

“La puta poesía, no hay más”. Así zanjaba un compañero de batalla una larga conversación sobre nuestras visiones e inquietudes sobre la poesía. En aquel entonces no lo entendí del todo, pero con el tiempo admito que va cogiendo forma esa frase.

Escribí mi primera poesía por el año 98/99. Con ocho años de edad. Animado por mi abuelo me lancé a hacer versos con rimas románticas. La terminé y tan pronto me puse los zapatos fui corriendo a la biblioteca a enseñársela con la mala fortuna de que le gustó y me hizo recitarla delante de sus compañeros de lectura. No contento con eso también me hizo recitarla a mi abuela, que quedó encantada, la verdad.

Más de diez años después puedo decir que no he dejado esa afición, aunque siempre han habido temporadas más fructíferas que otras e  incluso algunas largas de sequía total. El caso es que escribo cuando me apetece y eso es lo que me gusta, con mejor o menor fortuna o acierto, pero escribo.

Para mi escribir y, sobretodo, escribir poesía es otra forma de componer un diario. Ya de pequeño, el poema que os he mencionado era romanticón y ahora los que suelo escribir lo continúan siendo, tengo una carga de romanticismo, que incluso roce el ñoñerío, muy arraigada. Puedo hablar de ver una puesta de Sol, pero mucho mejor si hablo de ver esa puesta de Sol con la persona a la que se ama, ¿verdad? o puedo escribir sobre lo magnífico de la montaña pero mejor si tú, querida, paseas por ella.

Entre otras cosas la poesía me atrae, al igual que toda la escritura, por la capacidad de crear momentos, adornarlos, embellecerlos. Doy la razón a la gente que piensa que la poesía contiene un mérito que la hace fundamental y mágica: dice más con menos palabras. Como todo arte la poesía es susceptible de ser una farsa, es decir, de inventar, reinventar, de mentir o de manipular, y eso también es parte de su magia, el crear un ambiente paralelo que pueda parecer real.

Un amigo me dice que para ser poeta hay que serlo todos los días, no me considero poeta, como tampoco podría considerar obrero o peón a una persona que, sin dedicarse a ello, hace una pequeña reforma en su casa, por ejemplo, pero bueno, no tiene la más mínima importancia. No obstante, y aquí la magia de la poesía, para ser poeta, y perdonen lo que algunos considerarán una calumnia en toda regla, no hace falta escribir poesía. La poesía se lleva dentro, no se si se nace, se aprende, se transforma o lo que sea, lo que sí sé es que se lleva a dentro. Se vislumbra y se deja ver de muchas formas y maneras. Si para ser poeta hay que serlo todos los días, quiere decir que ser poeta es un estilo de vida. Un modo de vivirla, una intensidad acechante, una reconveresión continua, un mundo de idealismo, a eso me refiero.

En definitiva, lo que sí puedo decir con total certeza es que con la poesía la vida tiene más color.

Feliz día de la poesía.

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