Hasta siempre (?)

 Soy el maestro de mi vida,

el amo de mi camino,

soy el dueño de mi azar.

Una imagen, una sensación, un deseo.

Tus ojos cristalinos rebosantes de lágrimas, tus párpados reteniéndolas sin éxito como una presa de río. Un escalofrío, una pesadez en mi mente, tristeza infinita. Un deseo de volar lejos, de correr, quién sabe dónde, sólo correr, sin mirar atrás, sin importarme el futuro, sin recordar el pasado, sin caminar sobre el presente.

Un momento, un lugar, una escena.

5:57 de la madrugada de un martes peor que cualquier lunes, de un martes que borrar del calendario, de un martes digno de ser olvidado. Una maldita estación de tren, un andén olvidado, gris, triste, degradado, oscuro. Y tú, tú y yo; con dos maletas, las dos tuyas; y con dos almas, ambas tuyas, la que tienes más la mía que te regalé. Mirándonos desconsolados, asumiendo tu partida, aceptando la separación inminente que se produciría en el momento en el que una bocina de un tren y el ruido de su destartalado motor entraran en escena.

Una lágrima, un beso, un adiós.

Suena la bocina y acto seguido el estruendo del tren, en mi ojo derecho se desliza una lágrima que condensa toda la tristeza del momento. La lágrima más amarga y apenada que nunca ha caído por mi mejilla. Me miras, tu lloras, mucho, apenas puedes trabar alguna frase que deseo que sea algo parecido a “yo no me puedo marchar, no te puedo dejar”, pero apenas consigues articular “yo…”, “yo…”, lloras. “Yo…”, lloras. Te muerdes los labios, sacudes la cabeza, coges con tus manos temblorosas mi pelo y juntas frente con frente. El tren no espera y da su aviso previo a marchar. Te separas y me miras, afligida, con una mirada que nunca vi y que espero no volver a ver. Era una mirada que te pesaba, entristecida a más no poder, con miedo, con amor… Me besas, como puedes, con los labios húmedos de tus lágrimas deshilachadas y entonas un “te amo” flojo pero sincero. Subes al tren y sin apenas tiempo para traspasar y cerrar la puerta el tren parte. Sin posibilidad para una despedida hollywoodiense corriendo tras el tren o diciéndote adiós desde lo lejos. Y yo, plantado, quieto como una estatua, sin tener idea alguna, más que nunca, a dónde ir, por dónde mirar, por qué camino empezar a andar… Perdido.

Cuanto hasta tres.

Un, dos, tres.

Hasta siempre.

Te beberé en los bares.

Hasta siempre (?) mi jodida historia de amor

Sólo me gustaría saber cómo termina esto.

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Un pensament a “Hasta siempre (?)

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