Mi verano

El verano me lleva pasito a pasito

al lado de la brisa del camino,

descalzo y sin prisa, paseo entretenido,

como el viento, soñando contigo.

Puede que hoy me hayas venido a la cabeza porque sea un día marcado para ambos, o puede que me hayas venido a la cabeza porque no hay un maldito día que no te pases a saludar. Puede que sea un día marcado porque esta es una fecha que recordar para nosotros o, al menos, para mi.

Puede que el día de hoy, tiempo atrás, fueses con un vestido verde con estampados y que te confundiese con la mismísima primavera. Que la Luna brillara con más fuerza que nunca y que aún así la eclipsaras. Que antes de que dejaras de eclipsarme para pasar a eclipsar a otros me quedé con tus ojos grabados, que ¡joder! no eran azules ni claros, pero dentro tenían inmensidad, tenían una mirada que desvalijaba almas, con tu boca que, desde aquel momento, supe que era dulce, con un andar que se hubiese abierto paso entre ríos más profundos que el mismísimo Nilo con un Moisés boquiabierto -lo sé Moisés, no fuiste tú, fue ella-.

Puede que ese día -y no sólo ese- estabas guapa-guapísima, guapa que te mueres o guapa que te cagas y lo peor -o lo mejor-, tú sin saberlo. Que te ibas marchando e ibas dejando un aire fresco a tu paso. Que el bochorno estival y playero se transformó en una pequeña corriente de aire fresco y puro, como el que corre cerca de los ríos en las montañas. Que supe de primer momento que no sólo eras bonita por fuera, también por dentro.

Mallorca, Raül Botella

Allí estabas tú, y yo con la mirada fijada en ningún punto exacto de tu cuerpo y en todos a la vez. Contemplando tu grandeza imperfecta y poniéndole banda sonora a un momento que tiempo después continúo recordando con una mezcla entre nostalgia, alegría, tristeza, amor y, porqué no decirlo, algo de desengaño…

Que puede que aquel día se juntaran los planetas para que, sin saber aún porqué, mencionaras mi nombre, que me pareció más bonito y grandioso que nunca y yo, como buen tonto que era -y que soy-, me quedase rojo cual guiri tomando el Sol en hora punta en la playa de Benidorm y sin saber qué decir, esperando a que tu hablaras. Y tanto que hablaste…

Que después de eso toda mención de mi nombre que no saliese de tu boca me parecía triste, que toda conversación sin ti se me tornaba turbia. Que te convertiste en un mal amor de verano.

Que no me servía de nada leer, dormir, estudiar o emborracharme para olvidar tu delicia de silueta, tu mirada sincera y certera o tus palabras que salían de entre tus labios en forma de esperanzas de colores porque todo me recordaba a ti de alguna forma u otra y que a partir del día siguiente en el que, por cierto, tú marchabas, el verano desapareció porque, definitivamente, tú fuiste mi verano.

Que, al fin y al cabo, puede que no llevaras un vestido verde estampado espectacular, aunque yo te imagine así. Que puede que realmente esto no pasase nunca y que realmente me embriagué de tu olor, o de los mojitos del chiringuito… Pero de lo que estoy seguro es de que no sólo fuiste mi verano:

Después fuiste mi otoño.

Después mi invierno.

Mi primavera, que tanto huele a ti…

Y lo único que me temo es que éste, no serás mi verano.

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