Al final pasa lo que tiene que pasar…

Y yo que creía que te había olvidado, esa es la frase que más ha resonado en mi mente desde que te vi hace unos días. Horas antes del acontecimiento llevaba días, por no decir meses, en un estado de cierta zozobra preocupante, de desgana y dejadez hacia el mundo en general, un estado previo de pseudo-depresión en el que desaparecen todas las inquietudes -por poco no me pongo a ver Telecinco- y se transforman automáticamente en un “y a mi qué” o “me la pela” y, joder, justo cuando estaba comenzando mi tercer whisky apareces, allí te veo entrando por la puerta de un pub cuya bebida no quiero recordar. Y me viene a la cabeza de nuevo tu olor. Tu olor me congela, me tapona el esófago, me revuelve. Y paso de un estado de que me dé igual todo a que sólo me importes tú. Dentro de mi desaparece el vacío que se estaba apoderando de mi interior cual maldad del anillo único con Frodo.

Hablamos rato largo y tendido, me cuentas historias de tus viajes que haces a dedo donde terminas en sitios remotos y fabulosos. Me enseñas tu móvil ladrillo que tu madre te ha dado porque, por enésima vez, lo has perdido. Me dices lo mucho que me has echado de menos pero lo tanto ocupada que estabas como para llamarme, enviarme un correo electrónico, un mensaje, hacerme una llamada perdida, enviarme un telegrama, una carta o a una paloma mensajera y lo mucho que lo sientes.

Lo cierto es que yo no te había echado tanto de menos hasta ese momento.

Me llevas a bailar a un sitio al que nunca había ido y en el que ponen buena música. Me dices que podría ser bailarín si no fuese por lo mal que bailo, que podría ser cantante si no fuese por lo mal que canto. Y más razón que una santa.

La noche avanza entre bailes ridículos, sonrisas cómplices, algún beso suelto y susurros con promesas imposibles.

Y al final ha pasado lo que tenía que pasar: Nada.

Sinceramente prefiero que el vacío se vuelva a apoderar de mi que no más bien tus recuerdos.

Y al final  también ha pasado lo otro que tenía que pasar: Que a pesar de no pasar nada te recuerdo como si hubiese pasado todo.

Y aquí estoy, escribiéndote como un imbécil algo que no leerás.

Te beberé en los bares.

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4 pensaments a “Al final pasa lo que tiene que pasar…

  1. “Me dices que podría ser bailarín si no fuese por lo mal que bailo, que podría ser cantante si no fuese por lo mal que canto.”

    Hay mucho amor en esa frase. Ahora mismo estoy estudiando el amor y me recuerda mucho a un dato: que la dopamina inunda nuestro cerebro, y no vemos nada más.

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