Las cosas ‘insignificantes’

Recuerdo como si fuese ayer cuando me dijiste que te encantaría tener recuerdos de las cosas que, a primera vista, parecen las más insignificantes en la vida, esas que se escapan fácilmente de la memoria.

Después me dijiste que si me importaba que muchos de esos recuerdos fuesen conmigo. Sonreí y te besé. A veces vale más no decir nada.

Tus palabras bien valieron un espacio para mi y a partir de ese día me dedico en parte y siempre que puedo, a recoger, comprender, guardar y cuidar parte de esos recuerdos. De mi memoria histórica. La memoria histórica está llena de pequeñas historias y relatos fantásticos sobre lo más banal. Siempre siento que, cuando recuerdo pequeñas historias, anécdotas, hay algo que nace dentro de mi. Me siento más vivo.

Me gusta recordar, por ejemplo, cuando mi padre me despertaba todas las mañanas con el Canon de Pachelbel. Me decía que era perfecta para despertarse porque, como sabéis, es una obra con una sucesión en la que en cada serie se le añade un instrumento. Era una forma de despertar progresivo. Dulce.

Me gusta recordar el olor de mi hermano cuando era bebé. El olor a bebé en general. Olor inocente, sencillo.

Me gusta recordar el sonido de las hojas cuando hay viento. El bosque al que fuimos una vez y en el que nos quedamos rodeados por centenares de árboles con sus hojas acariciándose acompañadas por el viento.

Me gusta recordar las mañanas de sueño que valieron la pena. Las madrugadas frías con el coche yendo sin rumbo, al infinito más próximo que encontrásemos. Eran mañanas de besos, de café frío, de sitios y parajes desconocidos.

Me gusta recordar tus ‘buenos días’ mañaneros en los que me despertabas y me mirabas con los ojos entreabiertos y con una sonrisa. Era cálido, sincero, tuyo.

Me gusta recordar la ensalada con guacamole-queso-jamón-canónigos-cebolla deshidratada-etc. que hice y que tanto te gustó. Si bien no me valió una estrella Michelín estuvo ahí ahí…

Me gusta recordar que hay vida en los detalles pequeños, me gusta creer que quitan años, que los recuerdos están para eso, para recordarlos, para revivirlos, disfrutarlos y que las cosas son pequeñas o grandes según el tamaño que uno mismo les da.

Me gusta recordar que aún estás dentro de mi, latiendo, aunque a veces eso me provoque arritmia.

Me gusta recordar que a pesar de lo bonito de soñar, de lo bello que tiene fantasear, no hay que olvidarse de otra cosa más importante: de vivir.

En fin, no sé si te has dado cuenta pero, me gusta recordar.

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