El cambio de papeles

Eso que te encuentras a una amiga de la infancia por la calle después de siglos sin verla y piensas “Joder”. Es lo que pasa, la gente cambia, crece y, en este caso, mejora -y mucho-. Hay un intercambio de teléfonos móviles, no me dice que me llamará pero sí que me enviará un Whatsapp, que estamos ya en el siglo XXI, dice quiere quedar conmigo, para tomar un café y eso.

Llego a casa y recibo el Whatsapp prometido, me escribe que se alegra de verme, y yo de verla a ella. Continúan las cordialidades y me propone quedar. Quedo con ella, en un café a tomar algo, llega puntual y nos sentamos. Me da la sensación de que es una chica con un cuerpo -cuerpazo- de veintipico con una seguridad en ella misma digna de una mujer habiendo sobrepasado la crisis de los cuarenta, y eso me languidece.

Me digo “Cuando venga el camarero pediré antes que ella para que no crea que soy un hombre dubitativo, que tengo seguridad conmigo mismo.”, me paso la caballerosidad por el forro y pido primero, me pido un bombón, como dice mi madre, el café para aquellos a los que no les gusta el café, la cosa está en que a mi me gusta el café, pero bueno, adelante con el bombón. Ella se pide un whisky con hielo y de repente mi bombón se convierte en una chocolatina de Hacendado derretida. Me mira y ve mi cara de imbécil, de pringaillo, del mismo yo que conoció con 8 ó 9 años, boquiabierto por haberse pedido un whisky a las cuatro de la tarde, y ¡joder!, cómo lo admiro.

Total, que hablamos, ella está de aquí para allá, ha cumplido el sueño que perseguía desde su infancia y ahora es una actriz que, si bien no le llueven los papeles para el teatro, vive dignamente de ello y viaja más que el propio Willy Fog –Willy Fox, en nuestra época-. Yo le cuento un poco mi vida, que suena a la vida de siempre, en la ciudad de siempre, en la casa de siempre, con los amigos -más o menos- de siempre y mis pequeñas aspiraciones de siempre, así que más aburrido, pienso, no puedo sonar.

El legendario aventurero y amigo Willy Fox.

Ella se termina su whisky de doce años casi más pronto que yo mi bombón y me pregunta si me voy a pedir otra vez alguna mariconada o si de verdad quiero algo que anime el espíritu, que ella invita. Resulta que ha cobrado su última gira de dos meses por Colombia y México. Y qué mierdas le cuento yo: que escribo relatos amariconados y ñoños de vez en cuando o que vivo aún en casa de mis padres. No sé qué cosa de las dos es más apasionante…

Como decía, me pido un gin tonic. A raíz de mi petición me pregunta si me he vuelto un moderno. ¿Lo dices por mis pantalones verdes? ¿Por mis gafas de pasta? ¿Por mi camisa entreabierta? ¿Por mi bufanda a modo de decoración? Pienso para mi mismo. Le digo que no, que la verdad es que descubrí ese brebaje mucho antes de que adquiriera la celebridad que tiene ahora -no mentía-. El camarero me pregunta si lo quiero con pepino, con pomelo, con mango, con flores de noséqué o nosédónde, con especias, si la tónica la quiero Premium, con aroma a limón o naranja… Antes de que termine la interminable lista de atrocidades que puede sufrir un sencillo gintonic le digo que lo quiero como el de toda la vida, como el que se hacía hace doce años, ginebra, tónica normal y corriente y con un par de pequeñas tiras de piel de limón. El hombre se extraña y eleva los hombros como preguntándose de dónde coño he venido. Mi amiga ríe y me dice que soy de los suyos. Me cuenta la historia de que una vez fue a una reputada coctelería de Madrid donde pidió un gin tonic y se lo sirvieron con frutas, flores y adornos varios. Sabía de todo menos a gin tonic. No recuerdo si me dijo que el precio de esa infamia fueron 12 ó 15 euros. Creo que este nos costará un poco más barato, le digo.

Continuamos hablando, la tensión que incluyen los primeros encuentros desaparece y cuando miramos el reloj se nos han hecho las diez casi. Decidimos, con algunas copas dentro del cuerpo y con el espíritu bastante animado, salir en busca de un bar donde cenar. Hay suerte y encontramos un bar cerca, bastante bien de precio y de, aparentemente, buena calidad. Nos sentamos y pedimos, mientras esperamos la comida hablamos y cerveceamos. Las palabras ya nacen solas, sin presión, sin nerviosismo. En ellas caben recuerdos de la niñez, como la vez en la que me caí de morros en un charco, como si de una grabación de Videos de Primera se tratase, por tener los zapatos desatados o la vez en la que ella se quedó encerrada, durante una hora, en el vestuario de chicas después de una clase de gimnasia, y en la que, durante esa hora, nadie echó en falta su presencia en clase. “No sabes la cantidad de cosas que descubrí que se pueden hacer durante una hora en un vestuario” me dice mientras rie. Joder, qué sonrisa, pienso yo.

Hablamos de su futuro, de mi futuro, de lo que espera de la vida, de dónde se ve dentro de diez años, de si sabe algo de éste o del otro…

El mismo Giacomo Casanova. La verdad que no era lo que esperaba, no habéis sido los únicos decepcionados al conocer al famoso ‘Casanova’.

Como podéis imaginar la chica me empieza a atraer cada vez más y más y ella se muestra cariñosa conmigo, me coge de la mano, me mira y sonríe, me dice que me sienta bien la barba corta. Vaya, no soy ningún Casanova pero me defiendo.

Salimos del bar y está lloviendo, vamos con cierto grado etílico que nos lleva a que no nos importe mucho mojarnos -a mi no me importa ni sobrio ni ebrio, la verdad- y recorremos el camino saltando por las calles, nos abrazamos de vez en cuando pero el beso se resiste, ninguno de los dos da el paso. Caminamos por las calles, vamos a un par de pubs del centro y tomamos algo con tranquilidad, en el segundo nos encontramos, ¡anda qué casualidad!, a un par de amigos en común, saludamos y nos quedamos un buen rato charlando con ellos. Nos terminamos la copa y decidimos irnos, no sabemos dónde, pero irnos.

Al final la acompaño a casa, me viene de paso, aunque si no me hubiese venido también la hubiese acompañado. Llegamos a el portal de su casa riendo y borrachos como cubas. Se para en el pórtico y me da un beso, el jodido beso más esperado de toda mi vida. Un beso que me sabe a gloria, dulce, melancólico.

La miro fijamente, tiene unos ojos espectaculares, oscuros e intensos. Supongo que espero a que me invite a subir. Al final me da otro pequeño beso y me dice algo así como “no quiero que algo tan bonito y apasionado acabe convirtiéndose en una cosa extraña y complicada, he estado enamorada de ti desde que te recuerdo, en segundo de primaria, y tú sin enterarte, idiota, te he esperado años y años y nada, tú a la tuya y ahora que te tengo en la palma de mi mano te voy a decir que no, no porque no quiera, no porque no te desee, no porque no me gustes, ‘no’ porque no quiero volver a depender de ti, no quiero volver a ser esa niña insegura que se despertaba por las mañanas intentando hacerse un peinado y ponerse una ropa para que te gustase, esa niña que intentaba imitar tu redonda letra, esa niña que su color favorito era tu color favorito, que su día de la semana favorito era el tuyo, que si tu decías ven, iba y que si me pedías un lápiz te daba el mejor, el más nuevo y bonito… y es que no sólo se quedó ahí, en secundaria lo que sentía por ti no paró. Cuando me enteré de que nos cambiarían de clase en tercero fui a hablar con la secretaria a suplicarle que nos pusieran en la misma clase, y lo conseguí. Joder, no se si me entiendes, no quiero volver a ser esa niña tonta y dependiente de ti. Has tenido tu momento, yo ahora quiero tener el mío.”

Noté que me dijo esas palabras sin rencor, o eso quiero creer. Me acarició mi cara descompuesta y blanca como la de un muerto.

Mientras decía todo lo de su infancia, todo lo que había hecho por mi, me iban viniendo recuerdos de ella, mirándome y sonriendo, preguntándome si me gustaban sus coletas, su falda o su blusa de estreno veraniego, la recordé esperándome para acompañarme a casa aunque no le viniese de paso a la suya, chivándome las respuestas de un examen… No lo supe ver, o no lo quise ver. Ahora todo estaba más claro. Eso sí, tarde, demasiado tarde.

Me volvió a besar, esta vez con una lágrima incluida cayendo por su mejilla. Me dedicó un hasta otra  y entró en su casa, sin mirar atrás, dejando conmigo el sabor y el recuerdo de esa niña insegura que había sido en un pasado para continuar siendo la mujer firme y tranquila misma que había conocido ese día.

Y nada, yo me fui a casa, con los recuerdos de la infancia yendo y viniendo, rememorando momentos en los que ella se dejaba la piel por mi. Y es que me sabe fatal no haberme enterado antes, no hubiese estado de más agradecérselo o reconocérselo en su momento, porque la verdad, a mi no me desagradaba nada la chica, no sé.

Me parece que se desvivía un poco por mi.

Ya ha pasado como un mes de eso y lo llevo mal, bastante mal. Joder, me siento culpable y, la verdad es que ella me gusta, me gusta mucho. Vamos, una puta movida.

En fin, supongo que como ella hasta hace unos años.

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3 pensaments a “El cambio de papeles

  1. Y has pensado en hacer alguna locura por ella?
    En ir a buscarla y decirle lo que sientes, pedirle perdón por no haberte dado cuenta, por haber hecho que ella se sienta así, no se…pero no quedarte parado viendo como pasa el tiempo. Nunca se sabe si el destino tiene preparada una segunda oportunidad…

    • Querida Ni. Gracias por el comentario.

      ¿Crees que vale la pena prendarse -aún más- de esta bella mujer cuando ha elegido una vida independiente, viajera y aventurera? ¿Crees que vale la pena alargar esta jodida historia de amor o mejor dejar el final cerrado y ponerse a vivir cada cual lo suyo?

      Mantengo mis dudas Ni, estaría verdaderamente genial poder tener una bonita y fructífera aventura con esta chica, poder disfrutar de su compañía, decirle cuánto lo siento, pedirle su comprensión y darle todo mi cariño pero, ¿de verdad estoy dispuesto a renunciar a parte de mi vida -como hizo ella en un pasado- por su amor, por ella? No estoy seguro.

      De nuevo gracias por comentar. Espero que te haya gustado el relato.

      • El relato me ha gustado mucho la verdad, y en parte me sentía identificada con la chica. No se…a veces solo esperamos que nos vengan a rescatar de esta vida que creamos. Aunque estoy contigo en que es mejor cerrar las puertas y comenzar con algo nuevo.
        Mucha suerte!!
        Bss

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