Las letras que se comen

Pawła Kuczyńskiego

Pawła Kuczyńskiego

Estamos acostumbrados a las letras que se leen. A juntar esos símbolos que trazamos con mayor o menor gracia o que tecleamos con mayor o menos destreza. Para nuestra sociedad las letras se descifran, se analizan, consiguiendo establecer una imagen de ese rastro de letras juntas. La ‘m’ con la ‘a’ y con la ‘n’, ‘man’; la ‘z’ con la ‘a’, ‘za’; la ‘n’ con la ‘a’; ‘na’. Y por arte de magia, a raíz de un proceso mental que se nos enseña en el colegio, creamos palabras, palabras que se leen, que se pronuncian, que se gritan o que se susurran.

Cuando viajas hacia el sud, hacia tierras áridas o selváticas. Hacia donde la pobreza no se mide por el número de ceros en la cuenta corriente, sino por el número de gramos de trigo almacenado. En ese sud las letras pasan de leerse a comerse. El mundo que tenemos abajo -geográficamente, no jerárquicamente-, no conoce de esa creación de las palabras, no conoce del efecto de juntar letras para crear ‘manzana’. Para ellos la manzana nace en el árbol y, si hay suerte, muere en su tripa. Sus letras no se leen, sus letras se comen.

Cinco palabras les unen, les separa su significado.

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