Las otras manzanas de Newton

Hacía unas semanas que no la veía. Las cosas con la chica de rojo habían terminado algo bruscas cuando me declaró que tenía pareja, aunque vivía fuera y últimamente se habían visto muy poco. Simplemente le dije que me había sentido algo engañado y utilizado. Ella se ofendió y me echó algunas cosas en cara que, si bien eran ciertas, no entendí.

Según me dijo, ella y su pareja, habían tenido una fase de distanciamiento en la que se habían dado un tiempo porque no tenían claro el encaje de la relación dentro de sus vidas. Yo, parece ser, llegué en ese paréntesis.

Al final, según me contó, los cauces de ella y su novio-medio novio-no tengo muy claro el qué volvieron a juntarse y me pidió que, por favor, rompiésemos todo contacto entre nosotros.

Eres pura criptonita para mi.

Eso fue lo que me dijo. Supuse que era malo para mi, que me dejaba en una posición en la que era o todo o nada.

Me tenía que conformar con la nada.

Como decía. Hacía semanas que no la veía. Me la encontré en un pub. La noche tiene eso, a veces te reencuentra con tu pasado y si vas con tres copas de más te teletransporta a él a la velocidad de la luz.

Estaba de camarera en un local que se llena de jóvenes ansiosos por tomar sus primeras copas baratas de la noche y de la vida. Los amigos y yo vamos tarde, cuando la mayoría de chavales se han ido y uno se puede apoyar tranquilamente en la barra sin tener que dar codazos para llegar a ella; sin tener que avanzar entre ‘mascachapas’ que te van perdonando la vida conforme pasas por su lado; o sin tener que chocarte con adolescentes experimentando sus primeras borracheras en las que a duras penas se tienden en pie y avanzan como ‘zombies’ con los ojos perdidos y sus estómagos a punto de decir basta.

La noche esa, como de costumbre, llegamos allí tarde. Como hora y media antes de que cerraran oficialmente. Digo oficialmente porque una vez cerrado oficialmente se agacha la persiana a medias y se abre el pub a aquellos que aún disfrutamos haciéndonos una copa tranquilamente y charlando. Además se puede fumar. A mi me jode, porque no fumo y me llena la camisa o el suéter del olor horrible del humo. Pero bueno, no es cuestión de ponerse quisquilloso, y menos un sábado a las seis de la mañana.

La chica de rojo estaba trabajando en ese local, de camarera. Aunque no llevaba el vestido rojo para mi siempre será la chica de rojo o la de rojo. No llevaba ese vestido pero llevaba otro negro. No dejaba de ser para mi una jodida tentación con piernas morenas y cintura breve. Al verla sentí cierto dolor que, creo, supe disimular con éxito. Supongo que aún tenía a parte de ella dentro de mí. Algo enquistado, envenenado o jodido, no sé, pero estaba ahí, hurgando.

Me saludó. Parecía ilusionada por verme y le brillaban los ojos. Me abrazó y mientras hablábamos de lo bien que nos iba en la vida tenía posada su mano sobre mi hombro. No pude evitar cierta felicidad, cierta satisfacción por ver que yo no había desaparecido para ella. Aún.

Me invitó a la primera copa. Las demás las pedí a la otra camarera y las pagué de mi bolsillo. No quería sentirme en deuda con ella.

Yo me mantenía firme en la barra, hablando con un colega sobre tías y sobre su vida en el extranjero y lo difícil que le estaba siendo adaptarse de nuevo a la ciudad. No recuerdo muy bien ni cuándo ni porqué se fue.

Cuando se marchó me quedé un instante buscando a los demás amigos con la mirada. Noté una mano cálida que tocaba la mía apoyada en la barra. La chica de rojo me miraba fijamente con una sonrisa. La típica sonrisa de camarera que por norma ha de ser simpática son sus clientes. Aunque mucho me temía que no era la típica sonrisa de una camarera a su cliente.

Se acercó apoyó en la barra y hablamos.

¿Te quedas hasta que termine? Hoy cierro yo.

No, creo que mejor no.

Vale, qué pena.

Ahí terminó nuestra conversación, ella se fue a servir a algún borracho con una media sonrisa triste y yo fui a continuar bebiendo en comunidad, con mis amigos que, como yo, llevaban una guitarra considerable.

Fui al aseo en algún momento de la noche y al volver ya no quedaba ninguno de mis amigos. Sólo ella, la chica de rojo sin el vestido rojo, mochando.

¿Tanto he tardado en el aseo?

No… Tus amigos se han ido.

¿Les has dicho algo? ¿Dónde se han ido?.

Yo no he tenido nada que ver. No sé dónde se han ido…

Me dejé caer en una silla. Como desolado y sin querer pensar en nada. Cansado de beber. Con el cuerpo echado hacia atrás y las piernas abiertas mirando a la pared anaranjada del pub que para mi representaba en ese momento el infinito.

El infinito se difuminó cuando la de rojo pasó por delante mía. Me traía un cóctel colorido que me dijo que me gustaría. Me gustó y lo iba tomando con tranquilidad, mirando hacia esa pared plana y lisa, impersonal.

La verdad, la estaba esperando. Había demasiadas cosas que me retenían: su sonrisa iluminada, su pelo frondoso, su olor zarandeante, su desnudez de abrazo dulce, ese algo sin alcohol que me revolvía el estómago, el recuerdo de sus besos robados…

Terminó de despachar a los cuatro majaras que aún quedaban y que mientras dejaban el pub cosechaban sus últimos piropos dignos del albañil más experimentado en halagos.

Eso es carne y no lo que echa mi mujer a la olla…

Y la persiana terminó por bajarse del todo. Nos quedábamos en el local ella y yo, a solas.

Continuaba mirando la pared. Intentando mantenerme tranquilo.

Ella se puso delante mía, y como aquella primera noche en que la conocí, ya de madrugada y a las puertas de su casa, se inclinó para darme un beso en la frente. Con su inclinación pude descubrir, me parece que intencionadamente por su parte, sus dos pechos con -casi- toda su inmensidad.

Newton fue un pobre infeliz que descubrió una ley que vale para las malditas manzanas, pero no para las tetas de la chica de rojo.

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Las cosas ‘insignificantes’

Recuerdo como si fuese ayer cuando me dijiste que te encantaría tener recuerdos de las cosas que, a primera vista, parecen las más insignificantes en la vida, esas que se escapan fácilmente de la memoria.

Después me dijiste que si me importaba que muchos de esos recuerdos fuesen conmigo. Sonreí y te besé. A veces vale más no decir nada.

Tus palabras bien valieron un espacio para mi y a partir de ese día me dedico en parte y siempre que puedo, a recoger, comprender, guardar y cuidar parte de esos recuerdos. De mi memoria histórica. La memoria histórica está llena de pequeñas historias y relatos fantásticos sobre lo más banal. Siempre siento que, cuando recuerdo pequeñas historias, anécdotas, hay algo que nace dentro de mi. Me siento más vivo.

Me gusta recordar, por ejemplo, cuando mi padre me despertaba todas las mañanas con el Canon de Pachelbel. Me decía que era perfecta para despertarse porque, como sabéis, es una obra con una sucesión en la que en cada serie se le añade un instrumento. Era una forma de despertar progresivo. Dulce.

Me gusta recordar el olor de mi hermano cuando era bebé. El olor a bebé en general. Olor inocente, sencillo.

Me gusta recordar el sonido de las hojas cuando hay viento. El bosque al que fuimos una vez y en el que nos quedamos rodeados por centenares de árboles con sus hojas acariciándose acompañadas por el viento.

Me gusta recordar las mañanas de sueño que valieron la pena. Las madrugadas frías con el coche yendo sin rumbo, al infinito más próximo que encontrásemos. Eran mañanas de besos, de café frío, de sitios y parajes desconocidos.

Me gusta recordar tus ‘buenos días’ mañaneros en los que me despertabas y me mirabas con los ojos entreabiertos y con una sonrisa. Era cálido, sincero, tuyo.

Me gusta recordar la ensalada con guacamole-queso-jamón-canónigos-cebolla deshidratada-etc. que hice y que tanto te gustó. Si bien no me valió una estrella Michelín estuvo ahí ahí…

Me gusta recordar que hay vida en los detalles pequeños, me gusta creer que quitan años, que los recuerdos están para eso, para recordarlos, para revivirlos, disfrutarlos y que las cosas son pequeñas o grandes según el tamaño que uno mismo les da.

Me gusta recordar que aún estás dentro de mi, latiendo, aunque a veces eso me provoque arritmia.

Me gusta recordar que a pesar de lo bonito de soñar, de lo bello que tiene fantasear, no hay que olvidarse de otra cosa más importante: de vivir.

En fin, no sé si te has dado cuenta pero, me gusta recordar.

Una política de noves mires a Alcoi

La societat alcoiana durant un llarg termini de temps ens ha estat acostumada a legitimar, no sols amb el vot, el poder dels seus governants sense exigir una necessària rendició de comptes com a contrapartida. És ara, anys després, quan una veu majoritària es pregunta perquè es va permetre, sense una major resistència social, la urbanització de Serelles, la construcció del pàrquing de La Rosaleda o l’intent d’hipotecar-nos per un llarg temps amb el Bulevard.

També es plantegen qüestions com què podria haver passat si el Pacte de Progrés s’hagués fonamentat sobre un pacte realista, equitatiu i basat en polítiques i estratègies i no fonamentalment en un repartiment en calçador de regidories.

No fer-se preguntes. Això és el que ha caracteritzat a amplis sectors de la societat -no sols l’alcoiana- deixats endur per l’esperança i la il·lusió d’un canvi de Govern que trencara un trajecte de polítiques faltes de contingut i de planificació real en el passat.

No qüestionar es va convertir en un excés i en un luxe que en moments d’optimisme i de perspectives econòmiques favorables ens vam permetre.

A Alcoi no li convé fomentar més l’antipolítica, el cansament social i el desencant que ha vingut regnant amb el PP al Govern els últims anys i que han aparegut també esporàdicament a aquesta legislatura. No cal recordar les formes despòtiques als plenaris de les passades legislatures o les mesures polítiques faltes de consens i d’un projecte creïble que es fomentaven.

El nou Govern del PSPV i EU, amb una minoria inquietant, deu promoure, com ha intentat fer fins ara amb major o menor encert, el debat amb rigor i dades. Cal crear un projecte de futur creïble i reformat respecte al que es va presentar en el Pacte de Mínims al començ de la legislatura. Un nou acord de consens, no sols amb forces polítiques, que intenten transformar a la societat i a la ciutat. Serà necessari, en cas d’incompliments, la rendició de comptes i les explicacions oportunes per part dels responsables polítics.

La crisi econòmica deu ser una oportunitat d’incrementar la transparència i l’exigència cap a allò públic i cap a aquells que ho gestionen i administrem. Fomentar-ho de forma concloent i decisiva.

La crisi de Govern que es va desenllaçar amb la retirada de funcions de la regidora Anna Serrano si bé va ser una expressió contundent i ben rebuda en amplis sectors de la societat alcoiana va ser un acte d’eixida unilateral, presa per l’Alcalde únicament que denota una falta de cultura del consens entre polítics. Si bé el problema venia de llarg es deuria haver tractat aquest problema intern de forma deguda, seriosa i amb clares intencions de solucionar-lo. És possible governar de forma eficient amb un Govern de coalició bipartit, tripartit o tetrapartit però sols és factible fomentant la cultura política del consens, de la cerca de grans pactes i de solucions conjuntes.

Alcoi enceta una nova etapa, amb una oposició conservadora esquerdada, ocupada en lluites internes i una nova oposició progressista, la del BLOC, intentant recompondre’s del cop rebut i tractant de refer la seua estratègia ara que hi seran a l’oposició. La ciutat agrairà que el BLOC mantinga una oposició constructiva com la que Paco Blay va construir a l’oposició durant els governs del PP a Alcoi i que no pose traves a una gestió ja de per si dificultosa donada l’aritmètica al Plenari.

Hi ha marge de millora en la nostra política i els polítics deuen aspirar a desenvolupar-la i renovar-la constantment. En un moment en el que la política és cada vegada menys nostra i més d’àmbits i sectors supraestatals els municipis deuen trobar i anhelar que la ciutadania assumisca un paper protagonista i principal en la política.

Toni Francés: l’efecte Rally round the flag

L’efecte Rally Round the Flag” és el recolzament i/o solidaritat de la societat cap a un dirigent davant un problema, dificultat, atac o amenaça.

Toni Francés s’encontra, molt segurament, en el moment més complicat de la seua carrera política. El trencament del tercer pacte de la història democràtica recent d’Alcoi arriba en un moment en el que la percepció ciutadana cap als socialistes està en ple declivi, amb un recolzament popular cada vegada menor i un auge de forces minoritàries com Compromís, EU o UPyD.

Li ha arribat en un moment en el que la feblesa política de l’Alcalde d’Alcoi és màxima, amb una relació tíbia i feta malbé amb València degut al recolzament a Alarte a l’anterior Congrés i desobeint el propòsit de Ximo Puig i la cúpula socialista de continuar el Pacte de Progrés i amb els pitjors resultats electorals del PSPV a Alcoi a les esquenes, amb un partit que, internament, cada vegada el qüestiona més.

Molt segurament Francés, sense buscar-ho expressament, ha encontrat una causa popular i justificada com posar fre a fets que es consideren qüestionables èticament. No entrem en si ho són o no. Poques vegades un Executiu s’encontra una ona de percepció ciutadana favorable en aquests moments i menys al PSOE. Francés és vist com una persona feble, inclòs per gent dins del partit, amb poca personalitat política i escassa visió estratègica i pot ser part d’aquesta personalitat l’ha portat al punt on està: al principi del fi de la seua carrera política.

Francés no guanyarà la batalla, ja la te perduda a no ser que aconseguisca un pacte renovat i creïble in extremis, tot i així eixirà beneficiat, de cara a la societat, del efecte que provoquen les situacions de dificultat.

Aquest sedant no durarà gaire, el malestar ciutadà va en augment i Toni Francés deurà enfrontar-se a una situació d’extrema complicació amb un trencament i reorganització de Govern i a una governabilitat que entaularà molta dificultat.

L’efecte “Rally round the flag” és un impacte a curt termini que, ni molt menys, servirà a Toni Francés per salvar la seua danyada carrera política.

Mauro Colomina

Un salto al vacío… como si nada.

Viaja el amor flotante por mares herrantes

sin hallarte.

De tus besos tengo mi corazón lleno,

tu sonrisa y tus caricias hacían el resto.

Torpedeada tengo el alma,

esperando, esperando el reencuentro.

 

Un austriaco, que está como una cabra, Felix Baumgartner, asciende a 39 km. y se tira al vacío, como si nada.

Como si nada, lanzarse como si fuese fácil. Esa sensación que te embriaga por dentro ante la inmensidad, llámalo mundo a esa inmensidad o llámalo ‘jodida historia de amor’, lo que quieras. Se llama vértigo, vértigo al fracaso, vértigo al ‘no’. En definitiva, vértigo a estrellarse a una velocidad superior a la del sonido.

Como si nada es también cuando pasas y dejas tu rastro de perfume que después voy olorando sutilmente cual perro policía en busca de explosivos.

Como si nada es cuando ríes y no eres consciente de la onda expansiva que creas en mi que, aunque estando en el mismísimo lecho de muerte, reiría contigo.

Como si nada es tu facilidad para hacerme feliz y hacerme desvanecer en menos de lo que tardó Baumgartner en desplegar su paracaídas…

Hablando de Baumgartner…

¿Qué te parecería si te dijera que estaría dispuesto a saltar de la misma estratosfera a 39 km. del suelo por un ‘sí’ tuyo? Seguramente no me creerías y tal vez tuvieses mucha razón, yo soy de esos que sufren vértigo.

No subiría a la estratosfera, ya me cuesta mirar hacia abajo en los balcones que están a más de un 5º, pero que, cada vez que me sonríes y me besas, la sensación en el estómago es similar.

Tampoco ascendería 39 km. para ver las estrellas, mejor tumbados en ese prado que una vez frecuentamos, jóvenes y enamorados, tendidos en la hierba y tú señalándome a Orión. Seguro que la sensación de inmensidad no se va mucho la una de la otra.

No iría contigo, tu tampoco conmigo, hasta allá arriba, pero si que apostaría porque nos fuéramos a algún rincón, igual de alejado de la civilización donde descansásemos leyendo, junto a una pequeña estufa de leña, a Hemingway.

Que de tirarme, cosa improbable, no sabría abrir el paracaídas si tu no estás. Que para mi el espacio no está ahí arriba, para mi el espacio es lo que dejas cuando tu te vas.

Música para una caída libre…

“La puta poesía”

“La puta poesía, no hay más”. Así zanjaba un compañero de batalla una larga conversación sobre nuestras visiones e inquietudes sobre la poesía. En aquel entonces no lo entendí del todo, pero con el tiempo admito que va cogiendo forma esa frase.

Escribí mi primera poesía por el año 98/99. Con ocho años de edad. Animado por mi abuelo me lancé a hacer versos con rimas románticas. La terminé y tan pronto me puse los zapatos fui corriendo a la biblioteca a enseñársela con la mala fortuna de que le gustó y me hizo recitarla delante de sus compañeros de lectura. No contento con eso también me hizo recitarla a mi abuela, que quedó encantada, la verdad.

Más de diez años después puedo decir que no he dejado esa afición, aunque siempre han habido temporadas más fructíferas que otras e  incluso algunas largas de sequía total. El caso es que escribo cuando me apetece y eso es lo que me gusta, con mejor o menor fortuna o acierto, pero escribo.

Para mi escribir y, sobretodo, escribir poesía es otra forma de componer un diario. Ya de pequeño, el poema que os he mencionado era romanticón y ahora los que suelo escribir lo continúan siendo, tengo una carga de romanticismo, que incluso roce el ñoñerío, muy arraigada. Puedo hablar de ver una puesta de Sol, pero mucho mejor si hablo de ver esa puesta de Sol con la persona a la que se ama, ¿verdad? o puedo escribir sobre lo magnífico de la montaña pero mejor si tú, querida, paseas por ella.

Entre otras cosas la poesía me atrae, al igual que toda la escritura, por la capacidad de crear momentos, adornarlos, embellecerlos. Doy la razón a la gente que piensa que la poesía contiene un mérito que la hace fundamental y mágica: dice más con menos palabras. Como todo arte la poesía es susceptible de ser una farsa, es decir, de inventar, reinventar, de mentir o de manipular, y eso también es parte de su magia, el crear un ambiente paralelo que pueda parecer real.

Un amigo me dice que para ser poeta hay que serlo todos los días, no me considero poeta, como tampoco podría considerar obrero o peón a una persona que, sin dedicarse a ello, hace una pequeña reforma en su casa, por ejemplo, pero bueno, no tiene la más mínima importancia. No obstante, y aquí la magia de la poesía, para ser poeta, y perdonen lo que algunos considerarán una calumnia en toda regla, no hace falta escribir poesía. La poesía se lleva dentro, no se si se nace, se aprende, se transforma o lo que sea, lo que sí sé es que se lleva a dentro. Se vislumbra y se deja ver de muchas formas y maneras. Si para ser poeta hay que serlo todos los días, quiere decir que ser poeta es un estilo de vida. Un modo de vivirla, una intensidad acechante, una reconveresión continua, un mundo de idealismo, a eso me refiero.

En definitiva, lo que sí puedo decir con total certeza es que con la poesía la vida tiene más color.

Feliz día de la poesía.