Nova poesia alcoiana. Poemes entre telers (I)

'Nova poesia alcoiana. Poemes entre telers (I)'

‘Nova poesia alcoiana. Poemes entre telers (I)’

Per als que no el coneixíeu ací vos presente al meu primer fill -compartit- ‘Nova poesia alcoiana. Poemes entre telers (I)’, una amiga m’ha dit que te els ulls del pare, jo no sé si els ulls, però sí que ha eixit de lletres i alcoià.

La meua part del poemari s’anomena ‘De recordar-te i altres formes de doldre’m’ amb poesia d’amor i desamor, de pèrdues i de reencontres, vaja, del que ve sent allò que anomenem ‘la vida’.

A mi que això de tancar la meua ànima entre fulles de paper, en un espai inalienable, em feia vertigen al final m’ha pogut l’amor irracional d’allò material i de col·locar un llibre en el que he participat entre Bukowski i García Márquez.

Espere que vos agrade, ha quedat molt guapet i les poesies, més enllà de les meues que no valoraré, estan de luxe, amb moltíssima varietat d’estil i amb una gran qualitat.

Gràcies a tots els que ho heu fet possible.

Los jueves que nos quedan…

Aina Reig by Carla Gea

Aina Reig by Carla Gea

Los jueves que nos quedan. Os presento un pequeño gran proyecto que empiezo junto a una talentosísima fotógrafa, Carla Gea. Ella pondrá los píxeles y yo las letras.

Juntos hemos decidido crear un todo llamado Los jueves que nos quedan, una serie de relatos unidos entre sí sobre el amor y desamor, sobre la noche, el alcohol, los jueves, una chica y la obsesión por conocerla. Todo ello compaginado con fotografías de Carla.

Ya sabéis que nos va lo moderno y nos haría mucha ilusión que nos siguierais en facebook, Los jueves que nos y que nos acompañéis en este viaje. Esperamos sinceramente que os guste y que disfrutéis con ello tanto como nosotros haciéndolo.

Nos encantaría teneros cerca todos los jueves que nos quedan.

Gracias, abrazos.

> Primer relato: El jueves que la vi…

Una historieta de Rogelio, una fábrica, un hijoputa, grasa de sebo y unas cerillas.

A continuación, os vengo a contar una pequeña historia que me contó un hombre de entre unos 55 y 60 años, en unas fiestas de barrio hace un par de años.

El hombre en cuestión, pongamos que se llamaba Rogelio. Al menos tenía cara de Rogelio, el nombre le quedaría bien.

Bueno, pues Rogelio a los 8 años entró a trabajar a una fábrica, lo normal… -lo normal en la época, por desgracia-. Empezó a trabajar por necesidad familiar. El mayor de una familia de 4 hermanos -y más que vendrían- y pobres como las ratas.

Como quería continuar estudiando su padre consiguió negociar que en vez de trabajar doce ó catorce horas, como era habitual, trabajaría 8 y así podría continuar sus estudios. Pura benevolencia empresarial, para quejarnos después…

Total, Rogelio entró en una fábrica de tratamiento de cuero, me parece, siendo la última mierda de entre las mierdas, es decir, entró como aprendiz -lo que viene a ser ahora un contrato en prácticas-. Por encima de su rango había otros cuatro aprendices mayores que él, tres oficiales, el maestro, el gerente y el director.

Y os preguntáis: ¿En qué se convertía esa escala jerárquica en la práctica?. Pues en tener que hacer todo el trabajo que ninguno de los diez de arriba quería hacer y, al final de la jornada, su última tarea consistía en dejar totalmente impoluta la fábrica.

Un don Mistol. Un señor Fairy. Un Mr fuckin’ Proper.

En fin, el limpiar consistía más o menos en: dejar impolutas las máquinas y engrasarlas con sebo. Después limpiar el suelo el cual, para no levantar polvo y ensuciar las máquinas, debía mojar previamente, barrer y mochar.

Y ya.

Nada más.

Eso solo.

Vamos, lo típico que hacemos a diario en el comedor y cocina nada más levantarnos.

Total, lo interesante de la historia viene ahora. Resulta que un día Rogelio -ahora que lo pienso es un poco cruel ponerle Rogelio a un niño de ocho años, pero joder, cuando me contó la historia, el nombre de Rogelio le pegaba, mucho-, como decía, Rogelio-Rogelito-Rogelín, como lo llamasen para que no pareciese un boticario de la esquina, terminó de limpiar la fábrica diez minutos antes de lo habitual. Se sacó su bocadillo de pan con pan -mmm… delicioso, me han entrado ganas sólo de pensarlo, mañana para almorzar uno, así, sequito, sin aceite si quiera, y si puede ser de hace dos días- y empezó a zampárselo en un banco de la fábrica. Con eso llegó el gerente con esa cara de hijoputa que os imagináis todos.

¡Hombre Rogelio!, qué pronto has terminado hoy. ¿Qué comes, pan a secas? Joder, ni un chorrito de aceite, ni una loncha de mortadela. Trae, que yo te lo relleno.

Con eso le coge el bocadillo, le da un mordisco gordote, un mordisco de hijoputa -a todos nos ha pasado alguna vez: toma, prueba. Ñaaaam, ups, casi no queda, ale, te jodes- y lo escupe.

¡Qué asco, por Dios…! Por cierto Rogelio. Quedan diez minutos para que termines de trabajar y te estás comiendo un bocata en horas de trabajo, sí, una mierda de bocata, pero te lo estás comiendo, vamos, que te estoy pagando por comer. ¡Hay que ver a dónde hemos llegado!.

A ver, ¿has limpiado y engrasado las máquinas?.

Y Rogelio asiente, acojonado, pero asiente.

¿El suelo, tan limpio como para poder lamerlo?.

Rogelio vuelve a asentir y reza en secreto para no tener que lamerlo como prueba.

Pues mira, en estos diez minutos que te quedan das unas vueltas a la fábrica. Corriendo. A la de ya. Venga.

Y Rogelio acató, empezó a dar vueltas corriendo a la fábrica. Vaya, lo ideal después de ocho horicas de nada de trabajo. Y mientras tanto el gerente se sentó en un banco al lado de la puerta, fumándose un puro tan ricamente mientras veía pasar a Rogelio corriendo como quien no quiere perder el autobús.

El gerente, cada vez que pasaba Rogelio se volvía a encender el puro y tiraba la cerilla calcinada dentro de la fábrica. Un detalle por su parte. Vamos, un poco más hijoputa y lo enviaban directo con un vuelo chárter a la Cumbre de las Azores con el Trío Chikiboom -pero en tíos y sin gracia-.

Pasados los diez minutos de rigor el gerente con un gesto en la mano y con el puro en la boca hizo parar a Rogelio.

Toma chaval, te lo has ganado.

El bueno del gerente le colocó el puro en la boca y le animó a inhalar repetidas veces ese puro que sabía a… a lo que sabe un puro cuando te lo fumas por primera vez. A m****a, a asco, a vómito, a la imagen de Sara Montiel fumándose un puro. “La primera y la última vez que probé un puro en mi vida.” Me decía Rogelio mientras me contaba la historia.

Cuando ya se iba Rogelio víctima de un ataque de tos y queriéndose rebanar la garganta con lo primero afilado que pillara de camino por el picor y sabor a puro que tenía, el gerente lo avisó desde detrás.

¡Ts, ts!. Joder, cómo odio eso. Es tan molesto como el puto tic tac de los relojes que por las noches no te dejan dormir, es tan pretencioso como el puto tic tac de un Swatch que por las noches no te deja dormir. Es tan pesado y ostentoso como el puto tic tac de un Rolex de oro de 24 quilates que por las noches no te deja dormir y que además te deja la muñeca hecha una mierda por lo pesado que es. Vamos, que lo odio.

Rogelio se giró y el gerente le dijo:

Mientras corrías y, en horas de trabajo, me temo que la fábrica se ha ensuciado un poco. Me parece que aún no has terminado tus tareas.

El pequeño Rogelio, sin rechistar pero con la vena del cuello a punto de decir basta entró a la fábrica y se encontró el suelo repleto de cerillas rotas. Las barrió y, por fin, podía marcharse.

“El día se me hizo un poco largo” me dijo.

Con eso, cuando ya salía por la puerta, adivinen quién volvió con el “ts, ts”. Equilicuá. El gerente. Esta vez era para darle el bocata. Menos mal joder, el pobre Rogelio se temía lo peor. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Hacerle de silla mientras se fuma un puro, rollarle ese mismo puro a mano…?.

Toma hijo, te lo has ganado.

Le dio el bocata y lo dejó ir.

Adiós. Chao, chao. Bye, bye, hasta otro ratito.

Pero aún no sabéis la última. Cuando Rogelio dio, de camino a casa, un mordisco al bocadillo tuvo que escupir todo lo que se había metido en la boca, que parece ser que era mucho. El gerente en un acto de bondad incalculable le había añadido sustancia al pobre y seco bocadillo de Rogelio. El único problema era que le había untado la maldita grasa que usaban en la fábrica para lubricar las máquinas. Mmmm, ñam, ñam. Mel de Ca Telm, que decimos por aquí.

Cuando terminó Rogelio de contarme esta historia le pregunté si al día siguiente volvió a la fábrica.

Me dijo que no.

¿Lo dejaste, no?. Le pregunté.

Que va, que va. Me dice la mar de tranquilo y con una medio sonrisa de satisfacción en la cara. “Hubo un pequeño incidente que me impidió seguir trabajando allí.”

¿Qué pasó?.

Em… Pues según el peritaje parece ser que la fábrica se quemó debido a una combustión de la grasa con la que limpiábamos las máquinas… Ah, y creo que dijeron algo también de unas cerillas. No sé, ¡ de eso ya hace tanto tiempo!.

 

{“Eiximeneres trauen, en prova de treball, d’un poble que l’ofeguen i que no mataran…”}

Cuánto me gustaría ser madera,
hierro, granito o lana,
y retener todo ese calor
que das al mundo.

Conservar todo ese perfume
en mis adentros, floreciendo.

Ser de la materia que tocas todos los días:
suave, cálida; y que ves sin mirar.
Las cosas con las que despiertas,
las que te ven abrir los ojos o bostezar.

Mirar lo que eres,
distraerme en lo que dices.

M.C.S.

La batalla del 5 de maig de 1276

Reportatge sobre el descobriment de la data exacta en la que es va produir l’atac de les tropes benimerines comandades per Al-Azraq a Alcoi:

“Ni el 25 d’abril, ni el 23. El 5 de maig de 1276”.

“Ja he descobert quin dia es va produir la batalla entre els cristians i les tropes d’Al-Azraq. Ens veiem a la Bibioteca a les cinc”. Així relata Enrique S. Ribelles la seua conversa amb l’historiador i investigador Ricard Bañó una vegada descoberta aparentment la data concreta en la que es va produïr l’atac d’Al-Azraq i les tropes benimerines a Alcoi. “A les cinc estava Bañó com un clau a la Biblioteca Municipal” afirma Ribelles.

Es celebren quasi onze anys del descobriment de la data exacta d’aquell fet històric i de reconeguda importància tant en història medieval com també a el món de la festa.

A juny de 2002 Enrique S. Ribelles, en plena eclosió investigadora gràcies a la seua facilitat en llegir i comprendre el llatí tant com la seua inquietud per indagar en l’història medieval, va descobrir al “Llibre de Cort de Justícia de Cocentaina” un fet històric sense precedents per a la identitat del poble d’Alcoi i de les seues festes de moros i cristians.

“Ni el 25 d’abril pel pòrtic de Sant Marc, ni el 23 com feien referència els cronistes dels segles XVI i XVII. La data es situa al 5 de maig de 1276” manifestava Ribelles als articles on desvetllava el seu descobriment.

Ja pels anys 1990-91 Ricard Bañó ja va recórrer arxius comarcals en busca de documentació referent a aquesta gesta històrica i es va topar amb l’esmentat “Llibre de Cort del Justícia de Cocentaina” guardat a aquesta mateixa vila.

Basant-se en aquest llibre Bañó va aconseguir fer el major apropament fet fins l’època de l’atac d’Al-Azraq a Alcoi, que es rememora a les festes de Sant Jordi, aproximant aquest succés al 7 de maig de 1276.

Ribelles confessa que el descobriment no es va produir investigant sinó més bé com a curiós lector llegint el llibre de Joan J Ponsoda del citat “Llibre de Cort”.

Llibre de la Cort del Justícia de Cocentaina, editat per Josep Torró (2009).

L’aproximació de Bañó es basa en que en el Llibre de Cort es registra per primera vegada a 7 de maig, per part del justícia -una mena de jutje de l’època, aquella persona que feia justícia-, “lo desbarat de la canal” (la derrota de La Canal), a més s’inscriu la mort del justícia de Cocentaina, la seua substitució i la pèrdua d’un “rocín de pèl vermell” al mencionat desastre bèl·lic. Aquest rossí -cavall- propietat de En Pere Díeç, batlle -alcalde- de Cocentaina i administrador de les rentes d’Alcoi.

Arran d’aquesta crònica del dia 7 de maig del nou justícia apareixen dades que comencen a aportar llum sobre aquest descobriment. Si a dia 7 de maig el justícia de Cocentaina Guillem Marín -l’anterior justícia- ja era mort, el dia 4 encara vivia i estava impartint justícia a la Cort de Cocentaina. Al mateix Llibre de Cort fa referència a que el tal Guillem Marín “fo mort”, és a dir, va ser mort, diríem: el van matar.

Deduïm llavors que el Justícia Guillem Marín va anar a defendre Alcoi de l’atac de les tropes d’Al-Azraq. Aquest ‘prohòmen’ -home d’alta consideració, nobles, etc.- tenien l’obligació d’anar a batallar per vassallatje o feude al Rei.

Hi ha que tindre en compte que, com s’assenyala al mateix Llibre de Cort, el justícia de Cocentaina és un càrrec rotatiu on cada 25 de desembre canviava i s’elegia a un nou justícia. Llavors el càrrec tenia una validesa fins el 24 de desembre de l’any següent.

A 7 de maig Guillem Berenguer de Castalla, nou justícia de Cocentaina, fa menció del seu nomenament degut a la mort de l’antic justícia G Marín, a més, escrit en català antic, trobem a la pàgina 123 del llibre de Ponsonda que:

“La justicia e los juratz e los prohòmens de Cocentània per manament del seynnor rey feeren vedament que negun veyn de Cocentània no sia osat que traga sa muler ni sa companya de la vila de Coçentània sotz pena de la persona e del aver…”

És a dir, es prohibeix l’eixida de Cocentaina sota pena de mort i pèrdua del patrimoni. Aquest ordre, directament del Rei Juame I, es va donar i es donava frecuentment després d’atacs i conflictes bèl·lics, com a mesura d’evitar un èxode dels pobles voltants i del mateix territori atacat cap a altres vil·les, es coneix que arran d’aquest atac van haver fugides cap a Xàtiva, ciutat on es guaria el Rei.

A més, a la mateixa crònica, es fa al·lusió al rossí de pèl vermell de En Pere Díeç que es va perdre “en lo desbarat de la Canal” i que en Roger de la Oria promet tornar. El mateix Pere Díeç, batlle de Cocentaina, no es present a aquella sessió de Cort del dia 7 i és que molt segurament aquest batlle fou presoner dels genets benimerins d’Al-Azraq i mitjançant rescat aconseguiria posteriorment la llibertat. No és fins aproximadament un any després quan En Pere Díeç torna a aparèixer a les cròniques.

Per tant, i com justifica Enrique S. Ribelles a l’article anomenat “El día 5 de mayo de 1276” i publicat a la revista de festes de Moros i Cristians de 2003 que edita l’Associació de Sant Jordi anualment, si el justícia G Marín el dia 4 de maig està en la Cort exercint el seu càrrec i el dia 7 ja està mort, queden els dies 5 i 6 com idonis per a la batalla del Barranc que va acabar en derrota, nomenada com “lo desbarat de la Canal”. Ribelles defensa la teoria de que l’atac es va produir el dia 5. Aquesta hipòtesi es sustenta en que el dia 7 es celebra la Cort a Cocentaina on es nomena a un nou justícia. És necessari que posteriorment a “lo desbarat de la Canal” un missatger cavalqués fins Xàtiva, a mitja jornada de distància, per informar al Rei d’aquella derrota. Posteriorment és lògic que el mateix Rei enviés a nou un missatger a Cocentaina per a que donara l’ordre de convocar una nova Cort on es publiquen els nomenaments i prohibicions ja esmentades. Aquest mecanisme administratiu, fins i tot podríem dir burocràtic, és raonable que: entre els viatges dels missatgers, la presa de decisions del Rei i la convocatòria de la Cort a Cocentaina, el dia 6 fos un jornada més bé de caràcter decisori -de presa de decisions- que no bèl·lic, ens referim a que per qüestió temporal és poc probable que el dia 6 fou la data en la que es va produir la batalla.

Aquesta suposició de la batalla a dia 5 de maig es reforça pel fet de que la vespra, 4 de maig, quasi amb seguretat Al-Azraq va atacar i saquejar el castell de Xixona. Aquesta creença ve enfortida degut a que el rei, a dia 6 de maig de 1276, pren dos decisions a la Cort de Xixona: Nomena a un nou Justícia per a Xixona i, en segon lloc, atorga als veïns, amb la condició de custodiar el castell, la facultat de repartir-se les terres “quae fuerunt” de Geraldi Muro, vol dir, que van ser, no perquè el rei les vaja expropiar sinó perquè el beneficiari ha mort. Aquesta deducció es reafirma ja que aquest personatge terratinent no apareix documentat en ningun text posterior.

En primer moment, el fet de que en aquestes designacions no conste motiu algun, pot dur a raó de dubte, ja que no es coneix de primera mà el fet que obligue a aquestes, no obstant hi ha que tindre en compte que en eixe temps de guerra hi havia una espècie de censura per a no crear alarma. Bona mostra d’aquest fet el tenim en el “Llibre de Cort” quan el 14 de juliol de 1275, ja prenent-se mesures per temor a l’alçament sarraí, el Justícia mana escriure el següent: “Arnau Scrivà, batle de València (…) personalment en Cocentània (…) féu manament que negun hom no fos osat de metre fama de guerra ni de dir que guerra sia en lo Regne de València. E si negun açò faya que dos pres e retengut per al seynor rey e a él”.

És d’esperar doncs que el Rei no justifique aquests nous nomenaments de Xixona per no admetre una derrota al igual que, de forma directa, en cap escrit fins el moment es faça una referència directa de la data de l’atac d’Al-Azraq a la ciutat d’Alcoi i de la consegüent derrota.

Berenguer d’Entença

Per a major solidesa del dia 5 de maig, a les cròniques del Rei Jaume I -Reg., 20 i foli 342 r.-, aquest mateix, amb data 5 de maig, reconeix a Berenguer d’Entença un deute de 8.400 sous reials pel servei que havia que prestar amb 14 cavallers en la guerra contra els sarrains, durant un mes. Al tractar-se d’un deute reial, aquest albarà té validesa des del mateix moment de la contractació, el 5 de maig. Molt segurament el rei, a falta de genets per destinar a batallar a Alcoi, contracte a aquests 14 genets de Berenguer d’Entença per defendre aquesta vila. Cal assenyalar que van ser 40 els cavallers que es van desplaçar des de Xàtiva fins a Alcoi per a lluitar contra Al-Azraq.

Amb tota probabilitat, per a completar aquests 40 genets citats pel Conqueridor al “Llibre dels fets” va ser el propi Berenguer el que va aportar els restants 26 a expenses seues, obligat pel vassallatge dels seus feus. Al registre indicat anteriorment Jaume I assenyala que pels demés cavallers aportats per Berenguer no li pagarà res, ja que el vassallatge al Rei és de per vida i està obligat a aquest servei. Cal recordar que el Rei no tenia exèrcit i recorria als feudataris i a gents d’armes per batallar.

La batalla produïda arran de l’atac d’Al-Azraq a Alcoi, va deixar un sabor agredolç entre els que anomenem cristians: dolç perquè es va produir la mort, en un primer atac dels sarrains a un lloc indeterminat a Alcoi, del cabdill Al-Azraq; agre perquè, com es descriu al Llibre de Cort, una vegada mort Al-Azraq, els benimerins es van retirar i van esperar a les tropes cristianes a La Canal, on hi és el Puig, ja que les tropes defensores, en vore mort a Al-Azraq i retirar-se els moros van perdre la cautela i van eixir en persecució de les tropes sarraines. Els musulmans esperant-los a La Canal els van fer una emboscada i va ser quan els cristians varen ser totalment derrotats.

Els cavallers musulmans a ordre d’Al-Azraq muntaven en cavalls amb estreps curts, cavalcaven quasi agenollats i els rossins anaven lliures d’armadura el que els donava major agilitat i rapidesa que no els genets i cavalls cristians que anaven, en la seua majoria, protegits amb cota de malla i metalls i que provocaven que foren genets lents i maldestres.

Ja són recurrents les publicacions que fan esmena a aquest descobriment de Ribelles. És el cas de José Llull, al llibre de “Al-Azraq, Visir i senyor d’Alcalà de Gallinera” on a la pàgina 91 escriu que “Segons sembla demostrar Ribelles, la incursió a Alcoi, la mot d’Al-Azraq i “el desbarat de la Canal” van tenir lloc no el 23 d’abril (…) sinó el 5 de maig de 1276″.

Cal assenyalar, ja per concloure, que fins el moment cap persona s’ha atrevit ni ha aconseguit desmentir de forma rigorosa aquest fet històric i aquest descobriment d’Enrique S. Ribelles que assenyala com a data de l’atac d’Al-Azraq a Alcoi a dia 5 de maig de 1276. A hores d’ara i amb totes les fonts d’informació aportades per Ribelles -Llibre dels fets, Registres de la Cancelleria Reial i el Llibre de Cort de Cocentaina- són d’una contundència documental tan patent que és molt difícil negar que el 5 de maig de 1276 fou el dia en el que Al-Azraq va atacar Alcoi, dies després del 23 d’abril, dia que actualment, de forma festiva, es commemora aquest fet.

És cert, i cal fer una petita esmena en qualitat d’epígraf, que l’adoració alcoiana a Sant Jordi prové, amb tota seguretat, pel fet de que els repobladors d’Alcoi foren d’origen català, majoritariament de terres lleidatanes, del poble d’Hortoneda. No cal explicar l’afecte que tots els catalans, des de fa segles, professen a Sant Jordi i la capacitat manipuladora sobre els fets i l’història de l’esglèsia catòlica en l’època. És per això perquè Sant Jordi apareix de forma tan rellevant a la nostra ciutat i a les nostres festes.

Mauro Colomina Soler

Café pendiente

Entro en un bar. Podría ser un bar cualquiera. En este caso hace chaflán en una calle transitada por coches que queman sus prisas con gasolina y humo.

Me siento en un taburete y me pido un café mañanero que resulta estar un poco aguado. Bebo sin rechistar.

En el bar están los típicos. Aunque, la verdad, nunca había ido por la mañana a ese bar, pero sé que son los típicos. Sus miradas, su forma de sentarse, de coger el café, de mirar con cansancio la televisión dando malas noticias. ‘Lo de siempre, con los de siempre’, me digo.

Con eso entran dos hombres con mono de trabajo azul. Saludan a un par de conocidos, de los de siempre, y se apoyan en la barra.

Dos cafés y otros dos pendientes.

Le dice al camarero el que parece más mayor mientras paga cuatro cafés. Me pareció curioso pedir dos pendientes. Imaginé que o bien pagaban el de el día siguiente o bien volverían más tarde a hacérselo.

Me terminé mi café aguado y estuve tentado de pedir uno pendiente. Así me aseguraría de volver a ese bar. Se respiraba un clima diferente. No era el aire recio de los bares al que solía estar acostumbrado. Tal vez porque solía ir por la tarde-noche, que es cuando se acumula la atmósfera de todo el día y se hace insoportable si no es con una cerveza.

Entraron al bar dos hombres encorbatados y tres mujeres bien vestidas. Saludaron al camarero como si se tratase de un familiar y pidieron dos cafés solo, tres cortados y otros tres pendientes.

Joder, menuda moda con esto de los cafés pendientes. Decidí quedarme con la esperanza de que alguien que hubiese dejado un café pendiente volviese a bebérselo.

El camarero tenía una pequeña libreta al lado de la caja en la que iba apuntando con rayas los cafés pendientes, como si de un preso marcando en la pared sus amargos días de opresión se tratase. Me descolocó, los cafés pendientes se apuntaban todos en la misma libreta, daba igual quién lo pedía. Mi intento de averiguar esta curiosidad se paró en seco.

La puerta se abrió de nuevo y entró un hombre desaliñado, de ropajes viejos, con boina y ayudándose de un bastón para caminar. Avanzó, miró a su alrededor y preguntó al camarero:

¿Tienen algún café pendiente?

El camarero tachó una raya en su libreta de cafés pendientes y le sirvió a aquel hombre un café caliente con una chocolatina.

// TONI MIRANDA

// TONI MIRANDA

Me quedé perplejo y decidí preguntar al hombre que tenía a mi lado que tomaba unas tostadas con mantequilla.

Perdone, ¿eso de los ‘cafés pendientes’…?

Sí, son cafés que la gente paga para que otros que no pueden pagarlo lo tomen. No sólo cafés. se hace con cafés, también tostadas, zumos…

Asiento con la cabeza y sonrío. Miro al camarero y le digo.

Por favor, cóbrese mi café y apunte uno pendiente.

Las otras manzanas de Newton

Hacía unas semanas que no la veía. Las cosas con la chica de rojo habían terminado algo bruscas cuando me declaró que tenía pareja, aunque vivía fuera y últimamente se habían visto muy poco. Simplemente le dije que me había sentido algo engañado y utilizado. Ella se ofendió y me echó algunas cosas en cara que, si bien eran ciertas, no entendí.

Según me dijo, ella y su pareja, habían tenido una fase de distanciamiento en la que se habían dado un tiempo porque no tenían claro el encaje de la relación dentro de sus vidas. Yo, parece ser, llegué en ese paréntesis.

Al final, según me contó, los cauces de ella y su novio-medio novio-no tengo muy claro el qué volvieron a juntarse y me pidió que, por favor, rompiésemos todo contacto entre nosotros.

Eres pura criptonita para mi.

Eso fue lo que me dijo. Supuse que era malo para mi, que me dejaba en una posición en la que era o todo o nada.

Me tenía que conformar con la nada.

Como decía. Hacía semanas que no la veía. Me la encontré en un pub. La noche tiene eso, a veces te reencuentra con tu pasado y si vas con tres copas de más te teletransporta a él a la velocidad de la luz.

Estaba de camarera en un local que se llena de jóvenes ansiosos por tomar sus primeras copas baratas de la noche y de la vida. Los amigos y yo vamos tarde, cuando la mayoría de chavales se han ido y uno se puede apoyar tranquilamente en la barra sin tener que dar codazos para llegar a ella; sin tener que avanzar entre ‘mascachapas’ que te van perdonando la vida conforme pasas por su lado; o sin tener que chocarte con adolescentes experimentando sus primeras borracheras en las que a duras penas se tienden en pie y avanzan como ‘zombies’ con los ojos perdidos y sus estómagos a punto de decir basta.

La noche esa, como de costumbre, llegamos allí tarde. Como hora y media antes de que cerraran oficialmente. Digo oficialmente porque una vez cerrado oficialmente se agacha la persiana a medias y se abre el pub a aquellos que aún disfrutamos haciéndonos una copa tranquilamente y charlando. Además se puede fumar. A mi me jode, porque no fumo y me llena la camisa o el suéter del olor horrible del humo. Pero bueno, no es cuestión de ponerse quisquilloso, y menos un sábado a las seis de la mañana.

La chica de rojo estaba trabajando en ese local, de camarera. Aunque no llevaba el vestido rojo para mi siempre será la chica de rojo o la de rojo. No llevaba ese vestido pero llevaba otro negro. No dejaba de ser para mi una jodida tentación con piernas morenas y cintura breve. Al verla sentí cierto dolor que, creo, supe disimular con éxito. Supongo que aún tenía a parte de ella dentro de mí. Algo enquistado, envenenado o jodido, no sé, pero estaba ahí, hurgando.

Me saludó. Parecía ilusionada por verme y le brillaban los ojos. Me abrazó y mientras hablábamos de lo bien que nos iba en la vida tenía posada su mano sobre mi hombro. No pude evitar cierta felicidad, cierta satisfacción por ver que yo no había desaparecido para ella. Aún.

Me invitó a la primera copa. Las demás las pedí a la otra camarera y las pagué de mi bolsillo. No quería sentirme en deuda con ella.

Yo me mantenía firme en la barra, hablando con un colega sobre tías y sobre su vida en el extranjero y lo difícil que le estaba siendo adaptarse de nuevo a la ciudad. No recuerdo muy bien ni cuándo ni porqué se fue.

Cuando se marchó me quedé un instante buscando a los demás amigos con la mirada. Noté una mano cálida que tocaba la mía apoyada en la barra. La chica de rojo me miraba fijamente con una sonrisa. La típica sonrisa de camarera que por norma ha de ser simpática son sus clientes. Aunque mucho me temía que no era la típica sonrisa de una camarera a su cliente.

Se acercó apoyó en la barra y hablamos.

¿Te quedas hasta que termine? Hoy cierro yo.

No, creo que mejor no.

Vale, qué pena.

Ahí terminó nuestra conversación, ella se fue a servir a algún borracho con una media sonrisa triste y yo fui a continuar bebiendo en comunidad, con mis amigos que, como yo, llevaban una guitarra considerable.

Fui al aseo en algún momento de la noche y al volver ya no quedaba ninguno de mis amigos. Sólo ella, la chica de rojo sin el vestido rojo, mochando.

¿Tanto he tardado en el aseo?

No… Tus amigos se han ido.

¿Les has dicho algo? ¿Dónde se han ido?.

Yo no he tenido nada que ver. No sé dónde se han ido…

Me dejé caer en una silla. Como desolado y sin querer pensar en nada. Cansado de beber. Con el cuerpo echado hacia atrás y las piernas abiertas mirando a la pared anaranjada del pub que para mi representaba en ese momento el infinito.

El infinito se difuminó cuando la de rojo pasó por delante mía. Me traía un cóctel colorido que me dijo que me gustaría. Me gustó y lo iba tomando con tranquilidad, mirando hacia esa pared plana y lisa, impersonal.

La verdad, la estaba esperando. Había demasiadas cosas que me retenían: su sonrisa iluminada, su pelo frondoso, su olor zarandeante, su desnudez de abrazo dulce, ese algo sin alcohol que me revolvía el estómago, el recuerdo de sus besos robados…

Terminó de despachar a los cuatro majaras que aún quedaban y que mientras dejaban el pub cosechaban sus últimos piropos dignos del albañil más experimentado en halagos.

Eso es carne y no lo que echa mi mujer a la olla…

Y la persiana terminó por bajarse del todo. Nos quedábamos en el local ella y yo, a solas.

Continuaba mirando la pared. Intentando mantenerme tranquilo.

Ella se puso delante mía, y como aquella primera noche en que la conocí, ya de madrugada y a las puertas de su casa, se inclinó para darme un beso en la frente. Con su inclinación pude descubrir, me parece que intencionadamente por su parte, sus dos pechos con -casi- toda su inmensidad.

Newton fue un pobre infeliz que descubrió una ley que vale para las malditas manzanas, pero no para las tetas de la chica de rojo.