The Artist enmudece

The Artist me enmudece. En mi interior empiezan a recrearse los personajes, las voces mudas y los ladridos silenciosos. The Artist te transporta al interior de la pantalla, al blanco y negro, a la sociedad que entremezclaba decadencia en sus vidas y esperanza en la gran pantalla. Te recrea, sentado en una butaca me he sentido embarcado en la aventura, en sus silencios que embalsaman, en sus diálogos mudos que engrandecen y en el perro que enamora. The Artist es la historia de la reinvención con sabor nostálgico y melancólico. Es el relato de lo nuevo contra lo viejo, de la esperanza contra la resignación.

The Artist me ha traspasado, ha atravesado la pantalla y ha continuado, después de terminada, dentro de mi en forma de imágenes y voces no sonadas.

Resucita un cine y una forma de entenderlo que se creía postergado y que en cambio se ha sabido recrear y adaptar, The Artist es una obra maestra que se engranda con su música, con sus diálogos escritos y con sus silencios en los que sólo oyes el traqueteo del proyector.

The Artist es una conmemoración a aquellos que algún día fueron y que dejaron de ser, a aquellos que vivieron la soledad de cerca y que consiguieron renacer a pesar de ella, a aquellos que dejaron su orgullo aparcado para evolucionar,  The Artist envuelve entre calidez, entre nostalgias y vigor. Es un regalo a la vida.

The Artist enmudece, enamora.

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