El unicornio soñador

La historia, basada en hechos verídicos o simple ficción, da igual. Podría ser real, perfectamente. La niña se salva y el alma del chico también, su humanidad, su unicornio interior.

Los que no se salvaron se cuentan por millones, los responsables de tal atrocidad fueron juzgados y condenados por Tribunales. Aquí en las dos o tres Españas que tenemos se eligió el camino de la amnesia colectiva, algunos borraron o intentaron maquillar su pasado y obligaron a olvidar alegando hacerlo por el bien común, por no reabrir heridas, heridas que ni si quiera estaban cerradas y que si algún valiente se atreve a cerrar lo persiguen hasta hacerlo caer. No hacen falta nombres, todos sabemos quién ha sido el primer condenado de la trama Gürtel. Esta sí es la España de la pandereta.

No se arriesgarán a condenarlo también por intentar curar lo de la amnesia colectiva, quedaría muy feo, pero ya tienen lo que querían. Quitarse su piedra del zapato.

No es buen momento para los soñadores, pero me niego a dejar de serlo. También me gusta ser idealista, me gusta hablar de ideas, incluso más que de hechos, pero últimamente me siento como en un laberinto demasiado oscuro como para saber salir. Aunque si algo me trae el ser un soñador es de encontrar luces de entre las sombras. Recuerdo a una viejecita en Plaça Catalunya, llevaba un cartel en el que afirmaba tener alzheimer, y ponía algo así como:  “A pesar de que no podré recordar esta lucha, se que valdrá la pena”. Esa es la actitud.

Feliz semana.