Nova poesia alcoiana. Poemes entre telers (I)

'Nova poesia alcoiana. Poemes entre telers (I)'

‘Nova poesia alcoiana. Poemes entre telers (I)’

Per als que no el coneixíeu ací vos presente al meu primer fill -compartit- ‘Nova poesia alcoiana. Poemes entre telers (I)’, una amiga m’ha dit que te els ulls del pare, jo no sé si els ulls, però sí que ha eixit de lletres i alcoià.

La meua part del poemari s’anomena ‘De recordar-te i altres formes de doldre’m’ amb poesia d’amor i desamor, de pèrdues i de reencontres, vaja, del que ve sent allò que anomenem ‘la vida’.

A mi que això de tancar la meua ànima entre fulles de paper, en un espai inalienable, em feia vertigen al final m’ha pogut l’amor irracional d’allò material i de col·locar un llibre en el que he participat entre Bukowski i García Márquez.

Espere que vos agrade, ha quedat molt guapet i les poesies, més enllà de les meues que no valoraré, estan de luxe, amb moltíssima varietat d’estil i amb una gran qualitat.

Gràcies a tots els que ho heu fet possible.

Anuncis

Cuánto me gustaría ser madera,
hierro, granito o lana,
y retener todo ese calor
que das al mundo.

Conservar todo ese perfume
en mis adentros, floreciendo.

Ser de la materia que tocas todos los días:
suave, cálida; y que ves sin mirar.
Las cosas con las que despiertas,
las que te ven abrir los ojos o bostezar.

Mirar lo que eres,
distraerme en lo que dices.

M.C.S.

Invictus, el poema de un hombre inconquistable

El inconquistable Willian Ernest Henley

Invictus, del latín, invicto o inconquistable. Este es el nombre que recibe el poema más célebre de William Ernest Henley (1849-1903). Ya de niño sufrió tuberculosis y, como consecuencia, la amputación de una pierna. Este poema en concreto lo escribía en 1875, a los 24 años de edad y desde la cama de un hospital debido a sus problemas de salud constantes. A pesar de su maltrecha salud vivió una vida activa hasta su muerte a los 53 años.

El poema originario fue escrito en inglés, W. Ernest Henley era inglés, no obstante hay numerosas traducciones en internet cada cual más decepcionante. Ayudado de la traducción de Juan Carlos Villavicencio, que es la versión que más se adapta a la idea que tengo sobre el poema, me he tomado la libertad de traducirlo a mi gusto, siempre guardando el mensaje y, modestamente, intentando mejorar traducciones anteriores.

Invictus, el poema de un hombre inconquistable:

Más allá de la noche que me cubre

negra como el abismo insondable,

doy gracias al dios que fuere

por mi alma inconquistable.

 

En las feroces garras de las circunstancias

ni me he lamentado ni he gritado.

Bajo los golpes del azar he sangrado,

más no me he doblegado.

 

Más allá de este lugar de ira y lágrimas

es inminente el horror de la oscuridad

y sin embargo la amenaza de los años

me encuentra y me encontrará sin miedo.

 

No importa cuán estrecho sea el camino

o cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino:

soy el capitán de mi alma.

Verde que te quiero verde

Caminaba por las calles céntricas de Valencia, algunas sufren la misma decadencia y degradación que la política valenciana. Caminaba acompañado por el Sol y por acordes mañaneros que saben al primer café del día.

Hay rincones que se persisten a vivir el frenesí diario, recovecos donde la gente ralentiza sus pulsaciones, donde alarga su sueño madrugador, lee periódicos, toma café y en los que pocos hablan pero muchos disfrutan de un paréntesis entre el desenfreno colectivo.

En el mismo rincón una mirada me ha reclamado, yo caminaba lento y abstraído. La mirada llamadora era de una mujer de un verde hermoso, verde que te quiero verde lorquiano, de ojos alegres al igual que verdes, de vestido aceitunado, de dulzura cetrina. Nos hemos mirado un momento, sonreía con su sonrisa glauca. Yo le he sonreído, con mi sonrisa torpe. Hemos conversado sin palabras y he continuado mi camino, verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas.

Feliz y verdoso fin de semana.

El unicornio soñador

La historia, basada en hechos verídicos o simple ficción, da igual. Podría ser real, perfectamente. La niña se salva y el alma del chico también, su humanidad, su unicornio interior.

Los que no se salvaron se cuentan por millones, los responsables de tal atrocidad fueron juzgados y condenados por Tribunales. Aquí en las dos o tres Españas que tenemos se eligió el camino de la amnesia colectiva, algunos borraron o intentaron maquillar su pasado y obligaron a olvidar alegando hacerlo por el bien común, por no reabrir heridas, heridas que ni si quiera estaban cerradas y que si algún valiente se atreve a cerrar lo persiguen hasta hacerlo caer. No hacen falta nombres, todos sabemos quién ha sido el primer condenado de la trama Gürtel. Esta sí es la España de la pandereta.

No se arriesgarán a condenarlo también por intentar curar lo de la amnesia colectiva, quedaría muy feo, pero ya tienen lo que querían. Quitarse su piedra del zapato.

No es buen momento para los soñadores, pero me niego a dejar de serlo. También me gusta ser idealista, me gusta hablar de ideas, incluso más que de hechos, pero últimamente me siento como en un laberinto demasiado oscuro como para saber salir. Aunque si algo me trae el ser un soñador es de encontrar luces de entre las sombras. Recuerdo a una viejecita en Plaça Catalunya, llevaba un cartel en el que afirmaba tener alzheimer, y ponía algo así como:  “A pesar de que no podré recordar esta lucha, se que valdrá la pena”. Esa es la actitud.

Feliz semana.

19º

Tu mudez es tibia,

me asusta.

Resbalo inseguro por el andén

mientras veo tu marcha callada.

Tiemblo al unísono del motor,

horrorizado de verte alejar.

Me extingo como el humo locomotor.

Todo el recuerdo se me queda atrás,

me quedó preguntarte si aún me amarás.

Me esfumo como el carbón quemado.

El agrio del momento me alcanza,

quisiera rendirme, ¡bandera blanca!.

Universo maldito, capitulo esta vez.

Viviré enajenad de tu sabor, triste,

oliendo la ropa prendada de ti.

Despertaré, sólo de nuevo, sin verte,

tomando la pena que me da el no haberte.

No me ofrecerán tus labios ser besados,

los míos se secarán del dolor,

de la angustia de no rozar tu piel de aceite.

La voz, de aquí, de allá

tus susurros encandilados,

todo será aire, y para mi,

todo será penumbra.

Y yo, tendido, que

horizontal te quiero,

horizontal te añoro,

adiós al humo,

adiós a todo.